La Cuaresma no es simplemente un tiempo litúrgico más. Es un llamado a detenernos, revisar nuestra vida y volver al centro: Dios.
Son cuarenta días que la Iglesia nos regala para hacer silencio, para sanar lo que está roto, para reconciliarnos y para renovar la esperanza. No se trata solo de “dejar algo”, sino de permitir que Dios haga algo nuevo en nosotros.
Un tiempo para volver
Volver al corazón significa preguntarnos:
- ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida?
- ¿Estoy viviendo desde el amor o desde la costumbre?
- ¿He perdido la paz interior?
- ¿He descuidado mi oración?
La Cuaresma nos invita a mirar nuestra vida con sinceridad, pero también con misericordia. No es un tiempo de culpa, es un tiempo de conversión.
Tres caminos concretos
La Iglesia nos propone tres pilares para vivir este tiempo con profundidad:
1️⃣ Oración
No como rutina, sino como encuentro.
Más silencio. Más escucha. Más diálogo con Dios.
2️⃣ Ayuno
No solo de comida.
Ayuno de palabras hirientes, de impaciencia, de quejas, de indiferencia.
3️⃣ Caridad
Amar más.
Escuchar más.
Servir más.
Madre Elisa vivió estos tres caminos de manera concreta: oraba con profundidad, ofrecía sacrificios con humildad y amaba con obras reales.
Cuaresma y carisma elisiano
Para la Familia Elisiana, la Cuaresma es una oportunidad de:
- Renovar el servicio.
- Vivir con mayor fraternidad.
- Buscar la paz interior.
- Caminar con esperanza.
No estamos llamados a vivir una Cuaresma superficial, sino transformadora.
40 días para algo nuevo
Que esta Cuaresma no pase desapercibida.
Que no sea solo ceniza en la frente, sino fuego en el corazón.
Que no sea solo abstinencia, sino crecimiento interior.
Dios no quiere una Cuaresma triste.
Quiere un corazón dispuesto.