11 de septiembre de 1950 | 76 años de su Pascua eterna
En la madrugada del 11 de septiembre de 1950, Madre Elisa Jaramillo Botero entregó su alma a Dios, rodeada de sus hijas. Después de una vida de entrega, servicio y amor por la Congregación, llegaba el momento de encontrarse definitivamente con Aquel a quien había consagrado su vida.
Los días previos a su partida estuvieron marcados por el dolor y la enfermedad. El 10 de septiembre, antes de ser sometida a una operación, realizó su confesión general y emitió sus votos perpetuos, recibidos por el padre Carlos Madrid. También dejó constancia de que la casa de Mater Dei era de su posesión y la entregó como herencia a la Congregación.
Pero, incluso en medio del sufrimiento, su pensamiento estaba puesto en Dios, en sus hijas y en la misión que había recibido. A ellas les dirigió unas palabras que hoy siguen resonando con especial fuerza:
“Ofrezco a Dios mis dolores y rindo mi vida por la salvación de mis hijos y el progreso de la Comunidad”.
Madre Elisa hablaba también de entregar una vez más su Comunidad a la Virgen María, para que la protegiera y le diera prosperidad. Su confianza no estaba puesta únicamente en lo que había construido, sino en Dios, a quien había entregado toda su vida.
Su partida fue también el comienzo de una nueva etapa para aquella semilla que había sembrado. La biografía recuerda que sus hijas se regocijaban porque ella había dejado “la semilla que cayó en tierra abonada”. Una semilla llamada a crecer y a extender las ramas de la Congregación por el mundo, llevando sombra y amparo a tantos niños pobres y abandonados.
Hoy, 76 años después de su Pascua eterna, no solamente recordamos el día de su partida. Celebramos una vida que continúa hablando a través de las hermanas, de las obras, de los niños, de las familias y de cada lugar donde permanece vivo el espíritu con el que Madre Elisa comenzó este camino.
Y en este año en que la Congregación celebra 80 años caminando con fe y esperanza, volvemos nuestra mirada hacia ella para agradecer por la semilla que dejó y por el camino que Dios ha permitido recorrer.
🌿 Madre Elisa, tu Pascua nos recuerda que una vida entregada a Dios nunca deja de dar fruto.
Tu semilla cayó en tierra abonada.
Tu sueño continúa.
Y nosotros seguimos caminando con fe y esperanza.
Madre Elisa Jaramillo Botero
76 años de su Pascua eterna.
